lunes, 14 de abril de 2014
Viejo lector
En una de las entradas a la estación del metro más cercano a donde vivo, generalmente me encuentro sentado en las escaleras a un anciano que pide limosna. Él es flaco, de cabello largo y ropa muy sucia. Siempre tiene un libro entre las manos; siempre uno diferente. Eso es lo que hizo que originalmente pusiera mi atención en él y que desde ese primer día me acostumbrara a dejarle alguna moneda dentro del vaso de plástico que coloca sobre el suelo.
El día de hoy pusieron delante de la entrada al metro un puesto de libros viejos y discos usados. El anciano estaba ahí, mirando los libros con atención, siguiendo el ritmo de la música con un pie. ¿Ese de qué trata? le preguntó al vendedor, quien le contestó de mala gana. El anciano se quedó pensando unos momentos, luego preguntó ¿cuánto cuesta? Sacó un bote de plástico y le quitó la tapa. ¿No te importa que te pague con puros pesos? El vendedor sólo atinó a contestar con un movimiento negativo de cabeza.
Ahí van las monedas que le he dado al viejo. Para él no hay alcohol ni vicios; sólo palabras. Algún día le tomaré una foto para que lo conozcan.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
ResponderEliminarUn microrelato que ofrece una lección. "Las apariencias engañan" Toma una fotografía, e inventa una historia sobre él. ¿Qué le llevo a esa situación de abandono?
Hice un curso de fotografía en B/N. Me gusta más que el color, sobretodo el retrato. Te sigo leyendo.
Qué interesante microrelato! A veces esas personas nos brindan grandes lecciones. Además parece verídico. Excelente.
ResponderEliminarUn compañero del programa de radio, me dijo leyera tu texto. Lo hice, pero tan mal que no te he mandado el enlace.
ResponderEliminarEspero estés bien. Se te extraña en el blog que dirijo.